16 marzo 2018

SIERRA DE LAS CABRAS por la cara NORTE (ALBACETE) II

En las Cabras, siempre me encuentro algún tipo de aderezo o atavío de procedencia humana. En esta ocasión, la peña Escorpión, por lo que parece, de Nerpio, visten de este modo tan mariposón, el tubo del vértice geodésico.
Por increíble que parezca, la Star Jazz of The Cabras, una banda de por aquí, interpretan divinas piezas magistrales, pese al viento y niebla reinantes que hacen del concierto, un evento un tanto fantasmagórico e inverosimil. Pero suenan bien.
Camilo Sesto y los Bee Gees hacen de teloneros de fondo en formato tipo caja de casette. A saber la de vueltas que dieron en mi AIWA auto reverse, instalado en un Ford y más tarde un Opel...


Dos bonitas canciones, cada una de ellas contenidas en los álbumes que aquí se representan, y que al escucharlas por enésima vez, no he podido evitar dejarme embargar por la nostalgia.
Tres instantáneas más para inmortalizar nuestro paso por el vértice de la sierra de las Cabras, mientras la niebla parece que disipa y continuamos la marcha en dirección al Cagasero.
Allí lo tenemos, vamos a por él.
Las Cabras y la Atalaya, ya quedan distanciadas a nuestra espalda. Procuramos transitar a media altura por la ladera sur, siempre con buenas vistas de la Guillimona, Sierra Seca y la omnipresente Sagra. Tras rodear la Piedra de la Lobera por el sur remontamos buscando la cumbre secundaria del Cagasebo de 2.044 metros, un mirador excepcional desde donde iniciaremos el descenso hacia donde hemos dejado hace unas horas el coche. Ya tengo controlado visualmente la parte final del recorrido, y salvo sorpresa inesperada, ya solo queda recrearse en lo que queda de ruta.
Esa roca se presta pintiparada para el postureo, así que procedemos al coñazo de descolgarnos la mochila, sacar y preparar el trípode, enfoque a la roca, diez segundos antes del disparo automático, salir cagando leches y, como si hubiera echado la foto la misma Viky.
Bueno, ya está. Recojo los apechusques mientras paciente, la Viky espera con cara de circunstancias.
La Guillimona, de infausto recuerdo para Viky. Sierra Seca a la izquierda de la imágen.
La Sagra, con un gorro de nubes, enfrentada a la Guillimona.
En la cumbre del Cagasero. Portentosas vistas hacia todos los puntos cardinales, incluido hacia el majal Alonso
Viky, la vikinga de Burete y el Quipar, y de la sierra de las Cabras caravaqueña, donde hace unos meses se perdió.
Cañadas de Abajo, con vida y gente pululando, habitando el villorrio, pese a lo que pueda parecer.
La Guillimona, flanqueada entre dos esbeltos pinos.
Ya vamos dejando el Cagasero atrás, descendiendo por un espolón, pegados al vallado cinegético mientras la orografía lo permite. La bajada es cómoda y en los lugares más abruptos siempre es posible buscar alternativas por el oeste. En todo caso, la rodada más pisada, nos va guiando por el camino correcto. En la parte final encontraremos un castillo de roca inabordable que nos obligará a eludirlo por la ladera que mira a poniente. Finalmente, tras unas terrazas de pinos, llegaremos a un camino, y tras de unos pocos metros, adonde hemos dejado el coche.
Al regreso de mi primera incursión por estos andurriales, me detuve un instante para echarle unas fotos a esta cortijada de la Hoya del Espino.
Y para dar por finalizada este nuevo capítulo de mis andanzas senderistas, he aquí unos minutos de video, que nos muestran algunos de los momentos que nos deparó esta interesante ruta.
     
¡HASTA LA PRÓXIMA AMIG@S!

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