13 abril 2017

AGUASMULAS Y CASTELLÓN DE LOS TOROS II

A falta de un ejemplar con que registrar la fauna autóctona que habita este bellísimo río, verbigracia, una nutria o rana, me conformo y concentro en este acrobático y simpático modelo de la especie homo sapiens.

Es hora de salir hacia relieves menos escabrosos y más luminosos
Paraje de la Fresnedilla. A lo lejos vemos pulular a varias personas. Es muy posible que se trate de los excursionistas de la Puebla.
Las Banderillas
Desde la Fresnedilla hasta la Tiná de las Hoyas, existe una senda que le llaman "La Cuesta". Ya se puede uno imaginar por qué. Son varios kilómetros de inclemente subida ininterrumpida. Nosotros lo hicimos, lo de desviarnos a nuestra izquierda, para subir otra más dura aunque tambien más bonita, que enfilaba la ascensión hacia al Castellón de los Toros.
Aquí vemos a este apuesto y elegante montañero, excelente guía, marcando el camino de subida hacia el Castellón
Las panorámicas desde los cuatro puntos cardinales resultan grandiosas
En la cima de El Castellón de los Toros existe una planicie que desde la cumbre de las Banderillas, no se aprecia lo extensa que llega a ser. Es un lugar mágico, con encanto, aunque no sabría definir en qué consisten estos adjetivos que le adjudico, pero es un rincón muy coqueto, ideal para hacer un vivac. Se encuentra a 1477 metros y desde él se obtienen unas vistas privilegiadas hacia Las Banderillas, Piedra del Mulón, Malezas de la Campana, Majal Alto y El Engalvo etc.
Sentados en la mullida y verde alfombra de su pradera, al amparo del viento tras de unas rocas, mientras disfrutábamos del paisaje circundante, nos comimos el bocadillo más a gusto que ná.
Le comento a Carlos, que esta explanada tiene pinta, con sus vestigios de bancales, eras y demás, de haber sido utilizada para plantar algún tipo de cultivo, aunque me extraña, dado el difícil acceso del castellón y entonces me explica el orígen de su utilización. Parece ser que el hombre, aprovechando las delimitadas entradas naturales del lugar, plantaba en los bancales, cebada, y cuando estaba de comer para las cabras, les abrían las puertas, entrando estas en manada para jamarse el banquete padre. Y cuando varias personas, desde sus escondites, consideraban que ya habían acudido ejemplares de cabras en número suficiente, las espantaban y algunas, en su loco frenesí durante la huida, caían por los cortados, despeñándose. Abajo las esperaban otras personas para cobrar las piezas.
El regreso se hace duro porque aparte de que cuesta arrancar, el proceso de la digestión y otra vez calentar, sobre todo en motores que llevan mucha tralla y van necesitando ya, un rectificao de válvulas y pistones, tras la bajada del Castellón de los Toros, hemos de retomar la larga y dura subida de la La Cuesta, hasta cerrar el círculo en la Tiná de las Hoyas, y aquí no acaba el remonte, porque tras coger una miaja de respiro en las ruinas de la tiná, hemos de desandar lo andado subiendo por un barranco en el que no corre un pelo de aire, hasta llegar a la hoya del Ortigal, y desde esta, por terreno ya más despejado y amable, hasta el refugio del Campo del Espino. En fin, una paliza.
 Se alegra uno cuando al arribar a los inmensos campos de Hernán Pelea, lo divisa diminuto desde la distancia
Y para terminar, unos minutos de video, (en HD se verá mejor) amenizado con música de los Bee Gees, (para torturar un poquito a mi amigo Carlos Alcázar) ofreciendo muestra de algunos de los tramos que recorrimos.
      
¡HASTA LA PRÓXIMA AMIG@S!

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