viernes, 8 de diciembre de 2017

EL ARCO DE SEGISMONDI II (SIERRA ESPUÑA)

Después de haber abandonado la base militar y enfilar una agradable senda en descenso, que tras atravesar en repetidas ocasiones la carretera, nos conduce hasta introducirnos en el collado Mangueta, pasamos los pozos de la nieve, subimos la Cuesta de la Peseta, dejamos a nuestra derecha el camino de los Malvariches, y penetramos por pista, en un denso pinar que tapiza el collado de Eleuterio. Las instalaciones de EVA 13, nos quedan visibles con que solo alcemos la mirada por entre los claros de los pinos. Con estas imágenes, espero no ofrecer de nuestros recursos militares, demasiadas pistas al enemigo.
La subida hacia el Arco de Segismondi se hace a través de un verdadero canchal. No existe senda o corredera definida y el pedregal se supera por entre las muchas rodadas diferentes que lo atraviesan. Corre el riesgo, con el tiempo y continuo paso, de erosionarse más de lo aconsejable. De suerte que este lugar no se encuentra dentro de los circuitos habituales de senderismo y por ello, no parece, de momento, muy transitado. Y más le vale.
El avance a través de la pedrera se hace penoso. Si no pisas con tiento puedes dar un paso hacia adelante y dos para atrás. Terreno muy descompuesto y empinado que nos exige un esfuerzo extra tanto de piernas como para mantener el equilibrio. El bastón, que yo no suelo utilizar, viene aquí de perlas, para subir y bajar. El paisaje a nuestra espalda también es digno de admirar.
Al llegar al paredón de cuatro fotos más arriba, veo que el gps me indica hacia la izquierda, pero prefiero primero echarle un vistazo al rincón salvaje y casi inexpugnable que tengo a mi derecha. El inestable terreno en el que tratan de adherirse las zapatillas es vertical y muy deslizante. Entre estas agujas, veo un canalón que parece pateado. Me pregunto si no conducirá por un atajo al Segismondi. Pero observo que tengo que trepar para superar algunas paredes verticales y desisto, por no verme en un fregao con Viky siguiendo mis pasos, pues ella nunca atranca. Dejo apuntado mentalmente el detalle, para a la vuelta, indagar al respecto en internet. Ya en casa, descubro que esta grieta, que separa el Morrón, de Peña Soleada, y que llaman El Carrerón o Canalón del Diablo, forma parte de uno de los alicientes de la ruta y que no conduce al arco sino que se realiza por el mero placer de la trepada. El pasadizo y sus dificultades están muy bien registradas en el video que Malpaso adjunta en su descripción de Wikiloc. Lo dejaremos para mejor ocasión y oportunidad.
Deslizándonos como dos críos, a traves de la pedrera, volvemos sobre nuestros pasos y enfilamos hacia el Segismondi del que apenas nos separan cien metros.
Allá lo descubrimos, mimetizado con el pétreo entorno que lo circunda.
¡Hay que ver, las caprichosas formas con que la naturaleza esculpe y modela sus figuras!
No sabemos cuando volveremos por aquí, de modo que, disparamos fotos a tutiplén hasta agotar el carrete, en el vano intento de llevarnos tan excelsa obra arquitectónica a casa.
En su defecto, lo inmortalizamos en Mi Viky y yo, para que quede constancia gráfica de nuestro paso por estos rincones.
Viky, que cuando quiere, también sabe mimetizarse y confundirse con el paisaje.
Que contraria a su costumbre de rehuir cuanto puede la foto, si no es contra su voluntad, mediante la fuerza bruta de su dueño, aquí posa encantada para recuerdo imborrable de su visita a estos parajes.
Seguro estoy que Agapito Malasaña desde el más allá, bendice y vigila atento como ángel de la guardia, nuestros pasos. Notamos su presencia. De pronto, una suave tonada comienza a sonar. El momento es de extremo éxtasis auditivo y visual.
Por arte de birlibirloque, el grupo de "The Star Jazz Segismundi" se materializa de la nada, como surgidos por ensalmo de algún rincón de nuestra disparatada imaginación, deleitándonos alma y espíritu, con melodías preñadas de sublimes armonías y cadencias. 
Por un momento he deseado que el tiempo no transcurriera.
Seguro que el mismo monumento natural, alucina en colores pues no ha conocido nunca senderista tan chiflado como el que ahora mismo evoluciona bajo su arco. 
Hasta hemos notado la Viky y yo, cierta sacudida sísmica.
He leído que sobre estas paredes, en 1954, comenzaron los primeros escarceos de escaladores murcianos en Espuña. Baldomero Blugarolas entre otros.
Cuesta abandonar el lugar de lo a gusto que nos hallamos aquí. Hasta Agapito Malasaña se hubiera sentido a salvo en este rincón tan resguardado del viento, a la postre, espada de Damocles que acabó por darle matarile.
Últimas instantáneas a esta imaginaria puerta del tiempo y con pesar, vamos recogiendo los bártulos pues todavía nos queda la peligrosa bajada.
¡Maravilloso rincón, sí señor!
¡Venga, id recogiendo los instrumentos que el concierto ha tocado a su fin! Es tan extraordinaria la acústica del lugar, que hasta a ellos mismos les parece que suenan mejor de lo habitual.
La peligrosa bajada por la pedrera no es tal, pues una vez cogido el tranquillo del salto con deslizamiento y juego de tobillos incluido, se hace rápida, disfrutándola tal que como un crío chapoteando en un charco. Antes de que nos demos cuenta estamos en la pista que al poco se convierte en senda y en veinte minutos más, de agradable paseo, escuchando la aterciopelada música de los Star Jazz of Segismundi, llegamos al coche. ¡Que sensación más agradable nos deja esta ruta! ¡Qué interesante ha resultado ser el Arco de Segismondi!
Y colorín colorado, esta entrada del arco de Segismondi se ha terminado. En el corto de video se puede apreciar algo del repertorio de The Segismondi Five (Euge Groove), el aspecto que adopta la senda de los exploradores y el paraje donde se halla ubicado el arco.

A la hora de dar por finiquitada esta entrada, ya estamos pensando y preparando la próxima, que discurrirá por la sierra de Mojantes, en aquel recorrido que abarcaba las caras norte y sur, y del que ya dejamos cumplida reseña aquí. Se trataba de aquel que entre otros parajes, nos llevaba a conocer la cueva del Águila, que luego rebautizamos como la de Los Desertores. Pues bien, en esta nueva ocasión la hice acompañado de los Chiki, Arribotiles y cía, y como no puede ser de otra manera, habrá que dejar constancia de tan inolvidable convivencia senderista en Mi Viky y Yo. Os dejo un anticipo.
¡HASTA LA PRÓXIMA AMIG@S!