jueves, 20 de octubre de 2016

MONTE ARABÍ II

Viky, asomándose al interior de la cueva de la Horadada desde esta enorme claraboya y sin parar de merodear por el filo del cortado...me tenía acojonado.
Os digo yo que desde esta posición, el piso de la cueva se ve muuuu abajo...
En esta parte de la ruta, se puede uno entretener lo que le apetezca pues adonde quiera que dirijamos nuestra vista, encontraremos puntos entre las rocas y sobre el horizonte que atraparán nuestra atención
Y si no conoces de antemano la grandiosidad de la cueva, lo insignificante que te ves ante ella, cuando llegas a su altura te impresiona tanto que te deja turbado y sin aliento, que algo indefinible sientes en tu interior que te zarandea y conmueve.
Las veleidades de la naturaleza te dejan en éxtasis
El efecto del tiempo, el agua y la erosión sobre la roca, originando en el transcurso de miles de años, formas, estructuras, figuras de monumental, colosal belleza.
La propia naturaleza, ejerciendo de creativa escultora, artista de sí misma
Viky, también fascinada con este místico y asombroso lugar
Se dice que acuden por aquí, a este lugar cargado de reminiscencias milenarias, que destila misterio y silencio que yo mismo percibí, curanderos, hechiceros, brujas y gurús, a recargarse de energía, de vibraciones positivas que es de suponer, más tarde transmitirán a algunos de sus feligreses.
El lugar impresiona y no te deja indiferente, algo extraño percibes en tu interior que sobrecoge
Otro despistado brontosaurio solazándose en la cueva de la Horadada 
(¿da el pego o no?, más bien no jajaja)
La sensación que se experimenta en la cueva es extraña. Es como si notaras dos fuerzas contrapuestas. Una que te empuja a marcharte y salir de allí pitando y otra que te retiene, te inmoviliza, te confunde, te impide abandonar el lugar.
Yecla tiene en el Monte Arabí uno de los conjuntos de Pintura Rupestre más importante de la Región, ya que alberga tres abrigos diferentes en los que se documenta este tipo de manifestación artística y que, además, se complementa con el cercano conjunto de cazoletas del Arabilejo
En la imágen superior los llamados "Cantos de Visera", que no se sabe cuando se desprendieron estas enormes piedras del Monte Arabí pero si sabemos que se descubrieron a principios de siglo XX (1912) por Zuazo Palacios y estudiadas posteriormente por el naturalista, arqueólogo e historiador francés llamado Henry Breuil. La mayoría de estas rocas están valladas ya que en ellas se han encontrado figuras de la época prehistórica de diversas temáticas como animales, caza y representaciones del día a día. Para acceder al interior y observar estas pinturas se tiene que solicitar el permiso municipal correspondiente. Aunque sea desde fuera, como fue nuestro caso, merece la pena echarles un vistazo para observar estas impresionantes y enormes piedras. La de abajo es bien curiosa pues tiene una hendidura con forma de corazón que llama poderosamente la atención.
La casa del Guarda
Merenderos en la casa del guarda
Enorme pino al principio de ruta.

             

El monte Arabí se encuentra en un saliente montañoso, muy cerca de los límites con la provincia de Albacete. Por sus peculiaridades a nivel geológico y arqueológico recibió en 1998 la categoría de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Dicen los estudiosos que esta curiosa extensión rocosa fue ocupada por el hombre hace diez mil años y que la energía que desprende el lugar es real.

Al principio de esta entrada comentaba que acudí a hacer esta ruta sin conocer absolutamente nada del carácter misterioso que sin duda trasciende en el monte Arabí y que durante mi andadura por esos paisajes yo mismo advertí, confirmado después en las muchas reseñas que puede uno encontrar en la red y que en efecto, nos hablan de las enigmáticas peculiaridades de este entorno. Sobre este monte existe bastante material publicado en youtube, incluidas algunas grabaciones, sumamente interesantes, del programa Cuarto milenio que presenta Iker Jiménez. La cuestión es que, al llegar a la cueva de la Horadada, sea porque no me esperaba algo tan monumental como aquello o por su misma rareza natural, la cuestión es que salí de allí un poco traspuesto, realmente impresionado.

El viaje de regreso fue de lo más tranquilo y relajado. Se me reproducían a cada instante, imágenes de lo vivido, de los paisajes recorridos y sobre todo, aún permanecía latente, yo diría que candente en el pensamiento, la impronta perturbadora que me había producido el lugar, particularmente la cueva.

Ya en casa, duchado y sosegado, comenzó a invadirme aquella tarde como un desmoronamiento, un abatimiento interior que por momentos, hiciéronme sentir, triste y deprimido. Hasta me entraron dudas acerca de la verdadera utilidad y sentido de este blog. En ese estado catatónico llegué hasta la hora de acostarme.

Al día siguiente, amanecí con ánimos y energías renovadas. Todo había cambiado pues la sensación otrora de abatimiento, desánimo, tornose en euforia, alegría, ímpetu, corriente positiva, que fluía a borbotones por todo mi ser.

Hasta ese momento, ni se me había pasado por la cabeza atribuir las sensaciones de la tarde anterior ni el frenesí que percibiera a la mañana siguiente, a nada que tuviera que ver con mi visita al monte Arabí.

Fue aquella tarde, cuando echándole un rato a Internet para documentarme sobre la ruta con vistas a elaborar mi crónica que descubrí el verdadero origen de las extrañas emociones que desde mi visita al lugar, venía notando en mis adentros.

Bastante escéptico de casi todo lo que no considere empíricamente probado, soy de esas personas que tienen que “ver para creer”, o cuanto menos, “sentir” para prestarles algo de atención; soy lo que se llama hombre de poca fe que solo cree en lo que ve.

Pero en ese lugar pasa algo raro y yo lo he notado.

Al hilo de esto que digo os voy a revelar una cosa que me había prometido a mí mismo no compartir con nadie. Pero he cambiado de opinión. Cuando en el transcurso de una de mis rutas, me tropiezo en ocasiones con algún cortijo abandonado, que mantiene casi intacto parte de su original estado, a veces, que no siempre, percibo vibraciones extrañas, como chispazos, fogonazos en mi mente, flash que se materializan en imágenes que adquieren una forma humana.

Puede ser la sugestión, que no digo que no, pero han llegado a reproducirse con tal nitidez en mi mente, escenas de personas moviéndose en esa habitación en donde yo me encuentro y le acabo de hacer una fotografía que mientras aporreo el teclado, pensando en lo que ahora me dispongo a confesar, siento un escalofrío, un repelús que me deja todo el cuerpo tiritando.

 Hace algunos meses, realicé una ruta con mi amigo Carlos Alcázar por la sierra de Segura y entre otros lugares de espectacular belleza, visitamos varias aldeas abandonadas, entre otras las de Miravetes y Centenares.

Al regreso de aquella excursión, esa misma noche soñé con una mujer. Al despertar de modo súbito, muy probablemente en la fase rem del sueño, pude recordar perfectamente el rostro de aquella chica, de pelo lacio, color castaño, ataviada con un vestido largo, de unos 30 años que me sonreía y aquí viene lo sorprendente, no la lograba identificar con alguien que conociera de mi entorno. Esa aleatoria aparición, se fue repitiendo durante varias noches y al despertar, siempre “me dejaba recordar su visita a la par que sentir su presencia”.

Por más que lo intenté, nunca logré relacionar a aquella "aparición" con alguien cercano a mi círculo de parientes y amigos hasta que volví a la aldea de los Miravetes, en esa nueva ocasión, acompañado solo de mi Viky y entonces fue cuando de pronto, mientras echándole unas fotos estaba de nuevo a aquel cortijo, que me asaltó la visión, la manifestación de aquel rostro, la cara de aquella chica que ya me iba resultando familiar, y que durante algunas noches se me estuvo apareciendo en sueños. Sentí un contacto y al mismo tiempo erizarse mi piel. Salí de aquel lugar, no voy a decir que de estampida pero sí presuroso y caminando a buen paso, durante gran trecho, estuve pensando si aquella chica, ya largo tiempo muerta, habría morado aquella casa, y manifestándose desde el más allá, había pretendido decirme algo que yo no supe entender. Después de aquel día, nunca más volvió a aparecérseme en sueños. Lo cierto es que, cuando llego a un cortijo abandonado y desde las diferentes habitaciones, observo los detalles, los objetos que permanecen y siguen en pie, siento algo indefinible, incluso a veces me parece escuchar voces ahogadas, imágenes difusas, súbitos flases que tal vez revelan, pretenden mostrarme, personas que en el pasado, habitaron esos hogares.
                
En este lugar se han encontrado restos arqueológicos de arte prehistórico además de asombrosas cuevas y formaciones en la roca que se han originado con el paso del tiempo. Además existen hendiduras hechas en la piedra denominadas cazoletas y petroglifos que mi Viky y yo no tuvimos tiempo de ver pero que aparecen en algunos de los enlaces de video que os he dejado. Se desconoce para qué las hicieron sus antiguos pobladores pero la mayoría de las teorías apuntan a cultos sagrados, sacrificios, ofrendas, fertilidad e incluso de carácter cartográfico relacionados con las constelaciones.
He leído que en esos petroglifos se pueden observan figuras humanas junto a otras figuras extrañas de muchos brazos que bien podrían ser árboles aunque algunas parecen seres de otro planeta.
Si has visto las fotos que hemos publicado en esta entrada te habrás dado cuenta que el lugar más interesante y espectacular de toda la ruta es la cueva de la Horadada, una abertura en la roca que, tanto si llegas a ella por arriba como por abajo, sorprende desde el primer momento en que la ves pero que aún sorprende más cuando te introduces en su interior. En nuestro caso, que nos topamos con ella desde arriba, extraña que esa profunda hendidura no se halle mejor protegida por si algún despistado se resbala y cae al vacío, que desde luego la hostión se me antoja que sería mortal de necesidad. Pero vamos, que si en tantos años de ser frecuentada, no se ha tenido que lamentar ningún accidente, es porque la zona no entraña peligro real, aunque caso de llevar niños, yo extremaría las precauciones por si las moscas. En el video de mi cosecha se puede apreciar lo peligrosamente expuesta que se encuentra esa enorme hendidura.
En el interior de la cueva, maravillas de la naturaleza, se puede comprobar el poder y la fuerza del agua, así como observar la porosidad de las paredes que le dan ese aspecto de esponja y si miras hacia arriba encontrarás una visión espectacular con una enorme claraboya que apunta directamente hacia el cielo.
Sinceramente, después de todo lo expuesto, yo no sé si realmente este lugar transmite esa energía de que hablan o no, que incluso a algunos les deja paralizados y a otros les otorga fuerza, pero sí os puedo asegurar que al sentarme en el fondo de la cueva y mirar hacia el exterior, sientes algo extraño, indefinible, confuso que no sabes explicar. ¿La sugestión de la que hablaba antes…? En mi caso, al llegar al lugar, nada sabía de su carácter “energético” y sin embargo entendí, presentí que estaba en un lugar especial, no puedo decir que mágico o sobrenatural pero lo que resulta indudable es que su valor geológico y arqueológico, por demás, paisajístico es más que sobresaliente. Os recomiendo una visita a este lugar porque no os defraudará.
Si observáis algunas de las fotos en las que se me puede ver a mí en el interior de la cueva, haciendo un poco, por qué no decirlo, el ganso, podréis comprobar como digo, las enormes dimensiones de la cueva. En fin, ya conocemos la realidad del Monte Arabí, un monte habitado desde hace 10.000 años sobre el que circulan numerosas leyendas que hablan de energía y fenómenos extraños. Seguro estoy que voy a tener que volver por aquí en breve plazo y comprobar si realmente el lugar ejerce algún potencial efecto sobre mí.

Y ya para finalizar esta entrada, antes de finiquitarla con el consabido “hasta pronto amig@s”, me gustaría adelantaros algo de la próxima aventura que estoy preparando, y que realicé con unos montañeros hace unos días allá por entre la siempre espectacular, sierra del Pozo. Aquel día andaba con un dolor de muelas atroz y apenas pude echar dos o tres fotografías que medio valieron la pena. Para más inri, el grupo formado por retales de otras tropas, a saber, el comando Totana, los antiguos amigos de la Sierra del Pozo, que ahora se han cambiado el nombre por Allí Arribótiles, agrupación Sigismondi, más conocidos en los ambientes por los "Chikismundis", el que suscribe que va por libre, y algún que otro verso suelto, configuramos como digo, una banda de lo más heterogénea, resultado de lo cual, parecíamos más la santa compaña, un hatajo pusilánimes que iban de entierro más que un grupo de amigos con ganas de pasarlo bien en la montaña. Asensio, alias Arsénico (si te descuidas el corrector del wasap así te lo escribe), un mustio y aburrido montañero que huye de pelucas y abalorios como de una vara verde. Samsón, un novato senderista que nadie conoce y que lleva en esto de patear montañas cuatro días. Pako Kranker, alias el Kommandant, otro que tal mea, que se sale de la ruta programada y se caga patasabajo, yendo con él, imposible perderse y menos aún que se te haga de noche; tres chicas, muy guapas y atractivas ellas pero para qué si apenas se dejaron fotografiar que cuando las enfocabas te ponían mala cara; un pamplonica timorato, asustadizo, miedo cerval a las alturas, intratable él que siempre andaba rezagado y parecía no querer cuentas con nadie, para eso, que no hubiera venido en fín, y los demás, que nos dejamos contagiar del clima fúnebre que reinó durante toda la ruta, un desastre la verdad. Bueno, con el escaso material de que dispongo, veré lo que puedo hacer…mientras tanto, dejo aquí un anticipo. 
 Y ahora sí...
¡HASTA LA PRÓXIMA AMIG@S!