martes, 13 de diciembre de 2011

LA RUTA DEL TÍO DE LA VARA

A los que hemos encontrado en el senderismo, un modo asequible y placentero de mantener un sano equilibrio entre lo físico y lo mental, a salvo de las lesiones que tan frecuentes se producen en la práctica de otros deportes, nos gusta de vez en cuando, pegarnos un buen tute.
Por  tute debe entenderse caminar más de cuatro horas seguidas, subiendo y bajando alguna que otra cuesta; disfrutar del paisaje, de una bonita senda, del aire, de los pajarillos que alegran el monte, de las criaturas de cuatro patas con las que de vez en cuando te cruzas, de un buen bocata, que en el campo siempre sabe mejor, de la música, del silencio, de la soledad y por supuesto, si la llevas, de la compañía y amistad que te proporcionan tus eventuales compañeros de travesía.

No hace mucho, buscábamos el conde y yo un paso que conectara el as de copas (conocida por los cehegineros como la “sierra del Quipar”) con el K4, y no encontramos demasiados problemas en hallar el recorrido apropiado.
El resto de la ruta, se realiza a través de una encrucijada de sendas y caminos, coquetos y divertidos de transitar, que he ido descubriendo en mis muchas salidas en plan explorador por la sierra de Burete, y que han terminado por configurar un recorrido bastante interesante.

A los pocos días, la hice en solitario con mi Viky, pero añadiéndole de salida la peña Rubia.
Quizás sea ya una etapa demasiado larga y dura, pero como entrenamiento para retos exigentes como bien puedan ser los que organiza el grupo FALCO o la Almudayna, constituye sin duda un recorrido perfecto.
Tienes de todo, parajes para alegrar la vista, y cuestas para echar el hígado tanto subiendo como bajando.
Bueno, lo de echar el hígado, es un decir, pero está claro que hay que esforzarse para superar algunos repechos, que no lograremos si solo estamos acostumbrados a darnos algún eventual paseo por la ruta del colesterol (vía verde), buscando siempre que los grados de desnivel siempre se muevan alrededor del cero.

Configurado el recorrido, solo faltaba bautizarlo, esto es, ponerle nombre.
Fue mi amigo Eloy, al que ahora conoceremos, el que me sugirió el nombre que llevaría la ruta.

Mi amigo, entre sus ciento diez kilos de peso y sus 184 cm de altura, se puede considerar que es un tipo robusto y corpulento.
Pero también muy vigoroso, tenaz, granítico y férreo.
Sube por el as de copas, a un ritmo constante, sin desfallecer, como una máquina de vapor, que nunca cede ni flaquea.
Jamás abdicará de la meta que se haya propuesto conseguir y que tenga entre ceja y ceja, pues su fuerza de voluntad y superación resultan inasequibles al desaliento.

Antes claudicarás tú y te descagarrizarás como un conejo con mixomatosis, que este motor Perkins que nunca se avería y es capaz de darle la vuelta al marcador del cuentakilómetros tres o cuatro veces, antes de acabar en el desguace del Julián o del Pañero.

Aquel domingo le invité a hacer la ruta, la versión más corta, sin la peña Rubia, y como nunca antes había subido el as de copas, representaba una verdadera incógnita el saber como afrontaría el reto.
Me sorprendió su ritmo sostenido, firme y constante, en todos los tramos del ascenso.
Para subir el as de copas en 29 minutos, no puedes detenerte a descansar ni un segundo y tienes que haber subido antes, algo más que las escaleras de tu casa.

Fue al atravesar el grupo de casas de la Hoyaleja, cuando aparecieron dos enormes “Rottweiler”, subiendo desde un bancal de oliveras que teníamos a nuestra izquierda...
A lo lejos, escuchábamos a sus amos ingleses, como a gritos los llamaban. Pero los perros, ni caso les hacían, atraídos seguramente por los efluvios florales del “chichi” en celo de mi Viky.

Su aspecto era fiero, decidido y amenazador.
Nos comen, —.pensé...como mínimo me la destrozan...
Y entonces apareció “el tío de la vara...”

No lamentaré lo bastante el no haber tenido la suficiente presencia de ánimo, la sangre fría, la lucidez, el coraje, la decisión, la inspiración necesarias, para haber grabado la escena, con el móvil, para que quedara constancia de momento tan decisivo, tan preñado de arrojo y valor como el que protagonizó mi amigo Eloy.

Se fue hacia ellos, blandiendo su arma, la enorme vara, enseñándoles los dientes, con aspecto más agresivo y feroz que el de los mismos canes, según había visto hacer al encantador de perros, César Millán, en un programa de la tele...

El resultado fue que los perros dieron media vuelta y salieron huyendo que se las pelaban, con el rabo entre las patas, con los ojos aterrorizados, fuera de sus órbitas y soltando espumarajos por la boca, con la impresión seguramente de haber visto al mismísimo demonio; pero es que tal fue el impacto y la conmoción, que a la Viky y a mí también nos produjo el tío de la vara, que sin darnos cuenta, habíamos enfilado, disparados como flechas, monte arriba, campo a través, completamente despavoridos y acojonados, intentando escapar de lo que parecía el mismísimo abominable hombre de la estaca...”.

Cuando me di cuenta de que había hecho el ridículo ante nuestro intrépido salvador, disimulé un poco, regresando y aduciendo que había temido por la integridad física de la perrita y que por ello había puesto tierra de por medio.
Pero entonces como en una alucinación, como en una clarividente visión, se ofreció diáfano ante mí el nombre de la ruta...se llamaría “la ruta del tío de la vara...”.

Que por nadie pase, ver al tío de la vara, con ese aspecto de hombre del saco, empuñando su arma, enseñando los dientes, marcadas las venas del pescuezo, los ojos inyectados en sangre, boina calada hasta las cejas y poniendo cara de “el que tenga cojones que cruce la raya....!"

El domingo pasado, hicimos de nuevo la ruta; en esta ocasión invitamos a nuestro común amigo, Juan, un tipo igual de bravo y fuerte que el otro, pero con una singularidad en su idiosincrasia: es del tipo a los que les gusta “ir siempre bien preparado”, que no le falte de nada, llevando todo lo necesario y que te puedas imaginar, dentro de su mochila que viene a ser como una agencia en miniatura del corte Inglés o el Decatlhon por así decir.

Habíamos quedado a las siete menos cuarto, para llegar en coche hasta el cementerio y desde este, iniciar la marcha a las siete en punto.
No se veían estrellas y el cielo parecía encapotado.

Hice algunas fotos, pero dadas las condiciones meteorológicas que amenazaban lluvia, ergo deficiente luz, ni la cámara ni el fotógrafo, estuvieron a la altura de las circunstancias.
No obstante, para ilustrar un poquito la descripción de la ruta, combinaré fotos de otros momentos con las del día en cuestión, esperando así conseguir el relato coherente de una estupenda mañana de senderismo.
Juan y Eloy, en la puerta del cementerio.
No se escuchaba ni un alma...
En la subida al as de copas se pueden establecer cuatro tramos bien diferenciados.
En los primeros, ya te puedes ir dando cuenta si vas a subir de puto culo, es decir, arrastrándote por el barro, sufriendo y padeciendo lo que no está escrito, y preguntándote a cada metro...
—.¿qué necesidad tengo yo de meterme en estos berenjenales con lo bien que se anda por la vía verde...?

Toma realizada a media subida; aún no había amanecido pero los primeros claros del día comenzaban a aparecer...un momento en verdad hipnótico y mágico. Siempre ha ejercido un efecto estimulante sobre mí, contemplar el amanecer.
Pero si subes sin atosigarte, sintiendo la fuerza, la potencia, de tus piernas, de tus gemelos, de tus cuadriceps...sin el corazón desbocado que hace que te falte la respiración, que hiperventilen tus pulmones, que te entre angustia, que se te nuble la vista...si aún yendo regular, ves que el que te precede, va peor, y un puntito por debajo de tu ritmo habitual de subida...¡joder, que bien te sientes, cómo disfrutas, te da pena hasta que se acabe la ascensión...!

Aquí podemos ver a Eloy, marcando un ritmo infernal, y yo alucinando con la mochila de Juan, grande y pesada, que cargaba con una ligereza y solvencia bastante más que aparente.

¿Qué diablos llevaría en su interior...? -me preguntaba.
Si subes a tope, aunque estés bien, siempre sufres .

El encanto del as de copas, es que nunca lo subes igual.
Siempre es una incógnita, porque tu cuerpo, incluso yo diría hasta la mente, no siempre responde igual ante el esfuerzo exigente.

En los tres primeros tramos, existe al final de los mismos, un ligero descansillo.
Más prolongado en el segundo en que incluso parece que la senda desciende.
En el tercero ya se vislumbra el cariz que va a ir tomando la subida.
Y después de un leve respiro o desahogo, comienza el último tramo, de dureza constante, hasta el camino que conduce al depósito del agua, en lo más alto del As de copas.
Aquí solo eres tú, tu particular lucha contra los elementos, la dureza del camino, esos avatares, escollos, obstáculos a que nos enfrentamos diariamente en nuestra existencia, toda una metáfora de nuestra propia vida.

Cuando llegas al camino, respiras profundamente aliviado, satisfecho y feliz de haber culminado con éxito tu particular pugna y desafío.
Ello representa una verdadera inyección de autoestima y confianza en ti mismo, porque mente y cuerpo “andan” cogidos de la mano y recíprocamente se alimentan el uno del otro. 

Por no hablar de las endorfinas, esos neurotransmisores, generadores de sensación de bienestar que el propio organismo fabrica con el ejercicio físico y el esfuerzo.
A media subida se nos puso a chispear y luego arriba, comenzó a llover...aquí tenemos al tío de la vara con el tío prevenido, que vale por dos...nadie fue tan bien acompañado como yo lo fuí aquella espléndida mañana...Juan, todo hay que decirlo, le parece con ese impermeable a la caperucita roja del cuento, aunque aquí no tontea con el lobo sino con el tío de la vara...
El tío de la vara...exultante de contagiosa alegría. 
 Recreando la vista...
Un camino muy pedregoso...y la sierra de Burete.
Bajando el as de copas por un camino que parecía una alfombra ...
Dura rampa entre los Poyos y la Morra...
Y llegamos a la fuente, zona de recreo de la Hoyaleja.
Y aquí descubro parte del contenido de la mágica mochila de mi amigo Juan.
El tío de la vara, ajustándo las trinchas de su mochila...
La mochila de Juan parece algo así como el sombrero de un prestidigitador. Cuando comienza a sacar cosas de ella, parece que  tiene un fondo sin fin y esperas que de un momento a otro saque también un conejo.
No fue un conejo al ajillo metido en una fiambrera lo que sacó de su chistera, pero sí un estupendo y caliente chocolate con churros y bizcocho casero que nos supo a auténtica "gloria bendita" después de haber subido el as de copas.
Pero también llevaba dos o tres mudas, calcetines, impermeables, polares, ropa de invierno, de verano, de entretiempo, comida de racionamiento para una semana, apechusques para hacer unas migas o una paella, incluida la sartén y las gambas congeladas, completísimo botiquín de primeros auxilios, que ya les gustaría llevar a los del SAMUR...en fin, una lista de complementos de senderismo interminable que a mí me dejaron completamente estupefacto.
¿Podía yo con tales compañeros de travesía, temerle a los imponderables que se pudieran presentar en el camino...?
Y mucho menos a las lesiones, contando con un veterinario que ha de considerarse medio médico, inspirador por tanto de mucha más confianza de la que transmiten algunos galenos que, visto lo visto, puedes considerarles medio veterinarios...

Nuestras mascotas también tenían derecho a disfrutar de tan sobroso y dulce tentempié...
Fregando la vajilla en la fuente de la Hoyaleja...
Ni qué decir tiene, que el tío de la vara es tan noble y buena gente como aparenta, pero que nadie le pise el rabo y mucho menos la vara...
Juan, dejándose penetrar y seducir por el mágico poder de la estaca...el as de copas al fondo.
En la Hoyaleja...
Mis compañeros de fatigas en agradable charla...
El As de copas...
 Bancal de oliveras donde aparecieron aquellos malintencionados pero afortunadamente, cobardicas perros...
A punto de cruzar la carretera...
Cortijo de la fuente
Fuente de Burete
"Nana", la mascota de Juan, se portó como una auténtica jabata...haciendo más kilómetros que nadie, a pesar de su lesión en el ligamento cruzado de la pata anterior derecha...
Algunos obstáculos que hay que salvar antes de atacar el K4
Inicio de la subida al K4, también llamado "pozo de Burete"
 Este nombre tan pintoresco y si se quiere, montañero, que sugiere alturas míticas del Himalaya, no corresponde más que a la nomenclatura que utiliza el mapa topográfico para designar y acotar áreas de terreno desde una vía principal. En el caso que nos ocupa, todos los sectores parten de la carretera de la Paca, esto es, la 
MU 504, por tanto, el K1 lo tenemos más o menos a la altura de la fuente Cagueta, el K2 en la casa Valero, y así hasta llegar al que corresponde a nuestra pista que conduce hacia una cantera, de momento abandonada, que sube por la morra de la Erica hasta los 1037 m de altitud. Son más o menos 3 kilómetros de subida constante, sin apenas descansos. Si te tomas la subida “demasiado a pecho”, es decir, en plan necio, los últimos repechos se te pueden indigestar, por tanto, es mejor comenzar la ascensión de menos a más y apretar si se puede en las últimas rampas para exprimir los recursos físicos que nos puedan quedar, que no serán muchos, jejeje. Es una pista utilizada también por ciclistas de montaña, precisamente por su dureza y su máximo nivel de exigencia.
Cuando llegas arriba, escoltado entre enormes bloques de mármol, la satisfacción interior que experimentas es muy reconfortante.
El tío de la vara, con la frente perlada de sudor, recuperándose del esfuerzo...en la foto de abajo, agua a pajera en la cantera...
 A veces se encuentra uno durante sus andanzas, con objetos o elementos surrealistas, es decir, con cosas que no te explicas como han acabado en el lugar en donde te las encuentras...una especie de expediente X por así decir, caso sin resolver, porque ya me diréis que hace un carro de la compra del Carrefour en medio de la sierra de Burete...en fin, resulta curioso y chocante imaginarse las carambolas que tuvieron que producirse para que este artilugio diera con sus hierros en medio del monte...y el tío de la vara, por supuesto, enseñando los dientes y desafiando a ver quien los tiene lo suficientemente gordos como para llevarse el carro de allí...a nosotros ya nos parece un elemento simpático y símbolo distintivo de la ruta del tío de la vara...aunque mucho me temo, que no habrá de transcurrir mucho tiempo para que algún desaprensivo, a las cuatro ruedas, quiera añadirle un par de patas...
Detalle de uno de los complicadillos tramos por el que hay que bajar, siguiendo el curso del canal del Taibilla...
A la altura de la casa del Amores...
 Paso elevado por los "tubos" sobre el río Argos...
Aquí en los tubos coincidimos con otro grupo de andarines, el de Amancio Amores y cía...uno de los tramos lo hicimos juntos en animada charla e intercambio de impresiones...
¡Subiendo el último repecho...!
Último vistazo al as de copas...
La ruta del tío de la vara tiene 27 km menos algunos metros y es circular, con principio y final en el mismo punto. Como dije al inicio de este simulacro de crónica, se puede endurecer añadiéndole de salida la peña rubia, en ese caso saldrían alrededor de los 34 km. Pero yo creo que ya está bien con los 27 que podrás endurecer según te lo permita tu forma y fondo físico. Tiene un poco de todo. La primera parte es la más dura, pues hay que superar el as de copas y el k4, y luego en la segunda, aunque nos encontraremos algunos repechos, creo que es una ruta para disfrutar del paisaje y de los caminos y sendas de nuestra tierra ceheginera. Es posible que se pueda perfilar un poquito más la ruta en algunos tramos, así que, en cuanto la tenga definitivamente concretada, colgaré el track en Wikiloc.

He aquí el perfil de la ruta...


Como se puede observar en el gráfico, la subida al as de copas es la más dura por ser más vertical, más brusca. Se comienza a ascender desde los 560m aprox. hasta alcanzar la cota de los 940m, por tanto, esos casi cuatrocientos metros de desnivel hacen pupa.
La subida al K4, aunque se sube algo más, es más progresiva y por ello, menos dura.

Lo bueno de una estupenda mañana de senderismo son las birras que con toda justicia y merecimiento debe uno atizarse entre pecho y espalda al término de la caminata...y si puede uno acompañarlas con unos peludos bichos parecidos a estos, mejor que mejor...
¡Hasta la próxima ruta amigos!